Que el Estado controle todo de manera desenfrenada es un riesgo grande. Pero una libertad absoluta se puede convertir en perversa de igual manera que un Estado que controle todos los aspectos de la sociedad que gobierna. En este sentido las sociedades tienen que encontrar el punto medio en el que se fomente la libertad de empresa con una regulación que proteja de abusos a las libertades.
En este sentido creo que la labor del gobierno de cualquier país, pero principalmente de los que se encuentran en vés de desarrollo, es el de fomentar el acceso a las tecnologés que ayuden a desarrollar las comunidades.
El caso más claro de como Internet puede llegar con un mayor impacto a un número considerable de usuarios es el de las redes inalámbricas abiertas. Sobre todo en ciudades que pretenden dar mejores servicios públicos. Yochai Benkler dice sobre los sistemas de acceso inalámbricos lo siguiente: “Commons-based wireless systems become the primary legal form of communications capacity that does not systematically subject its users to manipulation by an infrastructure owner.”
Pero cuando no llega el servicio público por el estado, por escuelas o por universidades la conexión puede ser complicada. Un usuario promedio en México paga más cara una conexión de internet que es de menor capacidad que la de un país con mayor conectividad.
Con gran ilusión conseguí una fonera gracias a Eduardo Arcos. Me la dio de un cargamento promocional al ser nombrado líder de Fon México. La use un tiempo feliz, fue el mejor sustituto del ruteador que tené, pero eventualmente cambié de proveedor de internet y en el kit vené un ruteador inalámbrico incluido e instalado por la compañé lo cual generó que mi querida fonera se destinara a un uso menos glamoroso en el cajón de los cachivaches que no se usan.
Recientemente un amigo indignado por lo que le pretendén cobrar por un modem inalámbrico acepto probar la arrumbada fonera, hoy me comentaba que estaba feliz, es más quiere una para su oficina. Un uso práctico y un buen concepto lo han convertido en un promotor de fon, pero el problema radica que la iniciativa no ha prosperado en México.
Confieso que la principal razón para que no me motive conectar una fonera a mi casa es por que al no haber foneras que pueda utilizar no le encuentro un uso práctico. Si el movimiento tuviera un nuevo impulso y se viera la posibilidad de un crecimiento como el que tiene en España o Japón desde luego que correré a conectar una fonera nuevamente. Mientras estoy bien con menos cables y una configuración sencilla de mi conexión inalámbrica.
El valor de un movimiento como fon radica en los usuarios, yo me beneficio de los demás como los demás se benefician de mi. Por eso una iniciativa privada puede crecer del reconocimiento de la utilidad de compartir sin necesidad de que el estado intervenga de manera directa, ya sea ordenando una práctica en el sentido de obligar la apertura de las conexiones privadas u obstaculizando la voluntad de compartir conexiones privadas.